La juventud, ya se sabe. El amor, las hormonas y luego pasa lo que pasa. Pero, si la juventud no hace locuras, ¿quién las va a hacer? La locura transitoria puede ser tan bella como aborrecible la sensatez perpetua. Si usted, por ejemplo, hubiera sabido que su novia, al cabo de los años, se casaría con su mejor amigo pues, a lo mejor, no se habría acostado tantas veces con ella. Aunque, sea usted sincero, alguna que otra vez sí que lo hubiese hecho. Unas pocas. Para probar.